La dimensión mediática de la política 

En incontables contextos o situaciones hemos pronunciado o escuchado aquello de que “la información es poder”, frase trilladísima pero para nada ligera; su aparente sencillez semántica quizás condense una de las cuestiones centrales del mundo postindustrial, de nuestra actualidad marcada por la omnipresencia de las telecomunicaciones y los medios masivos de la información, que ejercen una innegable influencia en las subjetividades individuales y colectivas. La riqueza de esta frase en la realidad contemporánea radica en su carácter reversible: poseer información concede estatus y ventaja; así mismo el poder utiliza la información para ejercer su hegemonía. Se suele decir que la comunicación es el espacio por excelencia de la política. A través de ella se ejerce el dominio simbólico, se introducen y refuerzan ideologías, se moldea el consenso de la opinión pública, y se establecen referentes conductuales y morales; es la plataforma desde la que se lanzan las campañas políticas, y desde donde se difunden los discursos programáticos. Los mass media, parafraseando a Foucault, son productores de “verdades”.

Los medios aseguran el establecimiento, legitimación y reproducción del orden imperante. Detrás de cualquier aparataje comunicacional, detrás de cada enfoque, de cada contenido, centro de atención o tema enfatizado o silenciado está el mando político, sus intenciones y sus metas, su persuasión y manipulación. Para el profesor Manuel Castells: “Torturar un cuerpo es mucho menos eficaz que moldear una mente. He ahí por qué la comunicación es la piedra de toque del poder. El pensamiento colectivo (que no es la suma de los pensamientos individuales en interacción, sino un pensamiento que absorbe y difunde todo en el conjunto de la sociedad) se elabora en el campo de la comunicación”.[1]

Fidel Garcia 28 % - ‘Sting’, ESMoA (El Segundo Museum of Art), Los Angeles, US

En Cuba, el monopolio estatal de los medios pone en evidencia la cuestión. Una revisión breve de algunos documentos normativos patentiza el servilismo de la proyección y estrategias de los medios tradicionales, siempre dados a perpetuar el proyecto socialista. Entre los textos iniciáticos en este sentido se encuentran la Declaración de Principios del I Congreso de la UPEC (1963), y la Resolución sobre los Medios de Difusión Masiva del I Congreso del PCC (1976). Escritos más cercanos temporalmente resultan igualmente reveladores de la verticalidad que impera en los mass media cubanos, tales como el Programa director para el reforzamiento de los valores fundamentales de la sociedad cubana actual (2006), y las Orientaciones del Buró Político del Comité Central del PCC para incrementar la eficacia de los medios de comunicación masiva del país (2007). También tienen validez en este sentido las directrices contenidas en los discursos pronunciados por los gobernantes nacionales, numerosas son las referencias de Fidel Castro al papel que deben jugar los medios en defensa de los intereses de la Revolución;[2] en el caso de su sucesor Raúl Castro, resultan especialmente significativas las pautas contenidas en la alocución de la clausura a la I Conferencia Nacional del PCC (29 de enero de 2012). Todos estos documentos y discursos confiesan abiertamente el control centralizado de los medios, su carácter instrumentalista, y su subordinación a los intereses del Estado; y a su vez, enfatizan la crucial importancia que se les confiere en la formación política e ideológica de los cubanos.

Ante lo planteado, se hace obvio que todo ultraje o manipulación de los flujos de información tiene una incómoda connotación. Si todo acto comunicativo se compone como mínimo de cuatro unidades básicas: emisor, mensaje, canal y receptor; cualquier cambio, desfasaje o intervención en uno de estos componentes conllevará una ruptura, o cuando menos una alteración, en el acto comunicacional y, en cierta medida, en la sedimentación del poder. Esta vendría a ser la dinámica en la que se mueve gran parte de la obra creativa de Fidel García, artista que dentro del panorama del arte contemporáneo cubano se ha caracterizado por un quehacer constante y consecuente en el área del new media art, digital art y net art.

Leer Articulo original en Rialta
https://rialta.org/fidel-garcia-hacktivismo-intervencion-y-transgresion/

Pin It on Pinterest

Share This

Share this post with your friends!